El rol materno en la sociedad no proviene de la biología sino de la cultura, no es natural
sino artificial. La madre cumple un papel ideológico y político fundamental, la
de reproducir las condiciones del status quo. Este rol conservador no proviene
de ella misma sino que está asignada históricamente por el sector dominante de
la sociedad estratificada.
No sólo las ideas dominantes son las de la clase dominante, también los objetos
sentimentales, el imaginario social, los rituales, la iconografía y todo el conjunto de
costumbres y valores vigentes.
El sentimiento nacionalista, las emociones patrióticas, los fervores religiosos,
las causas altruistas y caritativas, la celebración pomposa de acontecimientos,
las recordaciones de efemérides, son prácticas promovidas por las clases
dominantes.
El control del sentimiento es también un objetivo político y supone un cuidadoso
trabajo de manipulación, que apunta a desplegar el sentido de admiración,
respeto y devoción hacia aquellos dispositivos que sirven al sostenimiento de la
sociedad desigual.
Las celebraciones de Navidad o del Día de la Madre producen un ambiente
social especial que evocan momentos de bondad, amor y cierta melancolía, además,
por supuesto, de una fiebre de compras. Todo esto parece perfectamente deseable,
enteramente lógico y hasta natural.
Hablar de la madre provoca ternura, reminiscencias heroicas y profundo
respeto. Nada negativo proviene de la figura materna. Es el más celebrado y
sacralizado rol femenino de la historia.
¿Quién se atrevería a dejar de felicitar a su madre en el día de la madre?
¿Quién puede atreverse a cuestionar la sagrada función materna?
Sin embargo, en filosofía se discute
y analiza lo más obvio. Es más común pensar en el papel afectivo de la madre y
no en el ideológico. En la sociedad, la familia es la base de la formación
ideológica y, dentro de ella, la figura materna es el pilar fundamental. La
familia es una institución de la sociedad que la reproduce física e ideológicamente.
Todo lo que podemos decir de la sociedad
también puede extenderse a la institución “familia”. Las características
de la sociedad capitalista explotadora, opresora, racista, sexista y homofóbica
son transmitidas por la familia.
La madre es el centro de la institución familiar, universalmente es la que transmite la lengua y con ella todo el caudal de la ideología dominante. Con el cariño materno viene también la moral y los principios de esta sociedad. Hasta las madres más progresistas instruyen en el patriotismo, el respeto a la propiedad privada, la disciplina laboral y el acatamiento a las autoridades, la normalidad de los sexos, todos estos vehículos del sostenimiento del orden social.
La madre es el centro de la institución familiar, universalmente es la que transmite la lengua y con ella todo el caudal de la ideología dominante. Con el cariño materno viene también la moral y los principios de esta sociedad. Hasta las madres más progresistas instruyen en el patriotismo, el respeto a la propiedad privada, la disciplina laboral y el acatamiento a las autoridades, la normalidad de los sexos, todos estos vehículos del sostenimiento del orden social.
La mujer fue atada por la sociedad machista a cumplir un rol conservador en su papel de madre. No es su culpa, ella simplemente es un instrumento inconsciente. El papel de madre en nuestra sociedad no es meramente biológico. Todos los mamíferos cuidan y rodean a sus descendientes. En la especie humana, sin embargo, la madre constituye un dispositivo estratégico social y político, por eso el esfuerzo de los gobiernos, iglesias y de los medios de comunicación para ensalzar su imagen y convertirla en una semidiosa. La figura materna es la más hermoseada, santificada, ubicada en el pedestal de heroína. De esta manera se ocultan su eficaz función política de control social y reproductora de las condiciones de producción capitalista.
La madre es principalmente la que transmite los valores
oficiales, distribuye los roles de los niños y, sobre todo enseña con
palabras y ejemplos los principios capitalistas: el esfuerzo personal como
fuente de progreso, una profesión para
el mercado como garantía de éxito, respeto a las autoridades como fórmula de justicia, defensa de la propiedad privada como
fundamento de la civilización, etc.
Por supuesto, el rol materno-ideológico
no es natural, sino que es una construcción social, de una sociedad estratificada, disimétrica,
conflictiva, dividida entre minoría dominante y mayoría dominada, entre
minoría explotadora y mayoría explotada. Este rol materno-ideológico no es
posible modificar de manera individual. Sólo es posible cambiarlo,
“deconstruirlo” con un profundo cambio
social.
Hoy en día existe un cierto feminismo
que, antes que luchar contra los poderosos gestores de la opresión de la mujer,
apuntan a que el hombre también asuma las tareas tradicionalmente asignadas a
las mujeres. Es más fácil, combatir el machismo que la opresión capitalista. Pero
hay que tener en cuenta que el peor rol asignado a la mujer por la sociedad
opresora es la maternidad reproductora de la sociedad burguesa, la fuente de su
propia opresión.
Combatir ese rol es apuntar al cimiento de la sociedad burguesa y así al
principal obstáculo para la liberación de la mujer.