lunes, 14 de mayo de 2012

Ideología y leche materna


El rol materno en la sociedad no proviene de la  biología sino de la cultura, no es natural sino artificial. La madre cumple un papel ideológico y político fundamental, la de reproducir las condiciones del status quo. Este rol conservador no proviene de ella misma sino que está asignada históricamente por el sector dominante de la sociedad estratificada.

No sólo las ideas dominantes son las de la clase dominante, también  los objetos  sentimentales, el imaginario social, los rituales,  la iconografía y todo el conjunto de costumbres y valores vigentes.

El sentimiento nacionalista, las emociones patrióticas, los fervores religiosos, las causas altruistas y caritativas, la celebración pomposa de acontecimientos, las recordaciones de efemérides, son prácticas promovidas por las clases dominantes.

El control del sentimiento es también un objetivo político y supone un cuidadoso trabajo de manipulación, que apunta a desplegar el sentido de admiración, respeto y devoción hacia aquellos dispositivos que sirven al sostenimiento de la sociedad desigual.

Las celebraciones de Navidad o del Día de la Madre producen un ambiente social especial que evocan momentos de bondad, amor y cierta melancolía, además, por supuesto, de una fiebre de compras. Todo esto parece perfectamente deseable,  enteramente lógico y hasta natural.

Hablar de la madre provoca ternura, reminiscencias heroicas y profundo respeto. Nada negativo proviene de la figura materna. Es el más celebrado y sacralizado rol femenino  de la historia. ¿Quién se atrevería a dejar de felicitar a su madre en el día de la madre? ¿Quién puede atreverse a cuestionar la sagrada función materna?

Sin embargo,  en filosofía se discute y analiza lo más obvio. Es más común pensar en el papel afectivo de la madre y no en el ideológico. En la sociedad, la familia es la base de la formación ideológica y, dentro de ella, la figura materna es el pilar fundamental. La familia es una institución de la sociedad que la reproduce física e ideológicamente. Todo lo que podemos decir de la sociedad  también puede extenderse a la institución “familia”. Las características de la sociedad capitalista explotadora, opresora, racista, sexista y homofóbica son transmitidas por la familia.  


La madre es el centro de la institución familiar, universalmente es  la que transmite la lengua y con ella todo el caudal de la ideología dominante. Con el cariño materno viene también la moral y los principios de esta sociedad. Hasta las madres más progresistas instruyen en el patriotismo, el respeto a la propiedad privada, la disciplina laboral y el acatamiento a las autoridades, la normalidad de los sexos, todos estos vehículos del sostenimiento del orden social.


La mujer fue atada por la sociedad machista a cumplir un rol conservador en su papel de madre. No es su culpa, ella simplemente es un instrumento inconsciente. El papel de madre en nuestra sociedad no es meramente biológico. Todos los mamíferos cuidan y rodean a sus descendientes. En la especie humana, sin embargo,  la madre constituye un dispositivo estratégico social y político, por eso el esfuerzo de los gobiernos, iglesias y de los medios de comunicación para ensalzar su imagen y convertirla en una semidiosa. La figura materna es la más hermoseada, santificada,  ubicada en el pedestal de heroína. De esta manera se ocultan su eficaz función política de control social y reproductora de las condiciones de producción capitalista.

La madre es principalmente la que  transmite los valores oficiales,  distribuye los roles  de los niños y, sobre todo enseña con palabras y ejemplos los principios capitalistas: el esfuerzo personal como fuente de progreso,  una profesión para el mercado como garantía de éxito, respeto a las autoridades  como fórmula de justicia,  defensa de la propiedad privada como fundamento de la civilización, etc.

Por supuesto, el rol materno-ideológico no es natural, sino que es una construcción social, de una sociedad  estratificada,  disimétrica,  conflictiva, dividida entre minoría dominante y mayoría dominada, entre minoría explotadora y mayoría explotada. Este rol materno-ideológico no es posible modificar de manera individual. Sólo es posible cambiarlo, “deconstruirlo”  con un profundo cambio social.

Hoy en día existe un cierto feminismo que, antes que luchar contra los poderosos gestores de la opresión de la mujer, apuntan a que el hombre también asuma las tareas tradicionalmente asignadas a las mujeres. Es más fácil, combatir el machismo que la opresión capitalista. Pero hay que tener en cuenta que el peor rol asignado a la mujer por la sociedad opresora es la maternidad reproductora de la sociedad burguesa, la fuente de su propia opresión.
Combatir ese rol es apuntar al cimiento de la sociedad burguesa y así al principal obstáculo para la liberación de la mujer.

domingo, 12 de febrero de 2012

El problema del mundo es el exceso de trabajo


El trabajo es el recurso social para satisfacer las necesidades de los seres humanos. El hombre necesita modificar culturalmente su medio para poder existir, así construye viviendas, produce vestimentas, alimentos, herramientas, diversos medios culturales porque no podría sobrevivir naturalmente como otros animales.
En el transcurso de la historia, los seres humanos  han  producido una “segunda naturaleza” artificial como su propio medio ambiente. En ese proceso han desarrollado distintos artefactos, instrumentos, máquinas, sistemas organizativos. El fin siempre ha sido producir con el mayor ahorro posible de tiempo y energía. Máxima  productividad con mínimo esfuerzo.  En tiempos antiguos el objetivo había sido superar la escasez crónica de medios de vida y aumentar el tiempo de reposo, ocio, gozo.
En la actualidad, el desarrollo técnico no está enfocado a disminuir el trabajo del hombre para aumentar el tiempo de descanso sino que apunta al incremento sin fin de los beneficios del capital. Por otro lado,  el objetivo del frenesí de la productividad no es   combatir el hambre y la pobreza del mundo ni aumentar el bienestar de todos.  La miseria que soporta una parte importante de la humanidad no es consecuencia de la escasa disponibilidad de  productos  sino de la arbitrariedad del  régimen de producción y  distribución que las clases dominantes de la sociedad imponen.
El problema del mundo no es la escasez. Veamos el tema alimentario a modo de ilustración.
La humanidad hoy produce alimentos para cubrir toda la población actual.[1] Esto quiere decir que para comer no habría  necesidad alguna de trabajar más.  Pero resulta que mil millones sufren hambre, [2] y esto no tiene que ver con la holgazanería. Aunque se trabajase más,  el hambre continuaría porque el capitalismo no produce para el que necesita sino para el que puede pagar. La población precisa bienes de consumo pero el sistema produce estos bienes en forma de mercancías. El que no puede comprar se queda sin ellas.
La población mundial llegó a 7 mil millones en el 2011.[3] Según la OIT, en el mundo actualmente trabajan  alrededor de 3 mil millones.[4]  El empleo «vulnerable» afecta a 1.530 millones, el desempleo a 200 millones.[5] Entre desempleo y subempleo suman 1.730 millones. Todo lo que se produce hoy en el mundo lo hacen menos de la mitad de la población. Si se distribuyera el trabajo entre todos los que están en edad de trabajar, la presión laboral por persona, disminuiría casi a la mitad y no habría desempleo ni empleo vulnerable. Quiere decir que se podría trabajar 4 horas diarias en vez de 8 sin disminuir un ápice la producción.  O bien  se podría trabajar sólo la mitad de la semana y vivir bien, disfrutando del ocio el tiempo restante. Si a esto le sumamos la organización racional de la producción a través de una planificación mundial, el trabajo necesario disminuiría notablemente a menos de 4 horas diarias.
Por ejemplo, según la OIT en la agricultura trabaja 1.100 millones de personas, [6] gran parte de éstas, lo hacen con tecnología obsoleta en América Latina, Asia y África, con gran despilfarro de energía humana.  Un granjero canadiense o del medio oeste de EE.UU puede preparar el terreno, sembrar, fumigar y cosechar  mil hectáreas de trigo sólo con su familia y,  por supuesto,  con maquinarias de última generación. En Paraguay una familia entera no puede trabajar más de cinco  hectáreas con técnicas rudimentarias: azada y machete.
Si se incorporara tecnología de punta en la agricultura de todo el mundo, el trabajo del hombre se reduciría notablemente y aumentaría la producción. En EE.UU. en 1880 se necesitaban 20 horas/hombre para cosechar 0,4 hectáreas de trigo; en 1916, 12,7 horas/hombre; en 1936, tan sólo 6,1 horas/hombre.[7]  Hoy, una máquina mediana cosecha entre 7 a 8 hectáreas por día.[8] Lastimosamente el aumento de la maquinización produce desempleo y miseria, pero no es un problema de la tecnología. “Los antagonismos y las contradicciones inseparables del empleo capitalista de la maquinaria no brotan de la maquinaria misma, sino de su empleo capitalista.”[9]
La flexibilización laboral es otra responsable del deterioro de las condiciones de trabajo y de vida en el mundo porque aumenta la productividad con mayores ritmos y tensiones laborales  por un lado y la pérdida de puestos de trabajo  por otro. Ni las tecnologías ni los nuevos procesos laborales dan mayor holgura a los seres humanos. Según Michael Hammer uno de los padres de la reingeniería, ésta produce normalmente una disminución del 40% en los empleos de una empresa y un 75% en su masa laboral.[10] Si a esto sumamos las relocalizaciones de empresas, la precarización laboral etc., tenemos un panorama de semiesclavitud en varias partes del globo.  Hay millones de desempleados en Europa mientras las mismas empresas que despiden personal, al mismo tiempo sobreexplotan a los obreros en China,  en los Tigres asiáticos y en las maquilas centroamericanas con jornadas de 14 a 16 horas.
En el mundo actual el problema  no está en la escasez de productos ni en la necesidad de más trabajo. El problema es el exceso de trabajo para la mayoría, exceso que produce stress, embrutecimiento, atrofia de las potencialidades humanas. Este exceso de trabajo no responde a las necesidades humanas sino a la voracidad capitalista. Los países pobres aunque dupliquen su esfuerzo no van a salir de la pobreza.
Sin embargo, una organización racional de la producción implicará automáticamente menos  trabajo y más tiempo libre para el ser humano. Para ello es imprescindible la superación de la ideología educacional de que la vida es para trabajar y de que el pobre dejará de serlo trabajando,  es necesaria la abolición de esta sociedad orientada a la producción de beneficios para una minoría, es precisa la  contestación al sistema capitalista.




[1] «Tras un proceso de modernización que se prolonga desde hace 50 años, la producción agrícola mundial es más que suficiente para alimentar adecuadamente a 6 000 millones de seres humanos. La producción de cereales por sí sola, que ascienden a unos 2 000 millones de toneladas o 330 kg por persona y año, y que representan 3 600 kcal por persona y día, podría cubrir ampliamente las necesidades energéticas de toda la población si estuviera bien distribuida20. Sin embargo, la disponibilidad de cereales varía muy notablemente de unos a otros países: es de más de 600 kg por persona y año en los países desarrollados, donde se utiliza en su mayor parte como pienso, pero se reduce a menos de 200 kg por persona y año en los países más pobres.» http://www.fao.org/docrep/x4400s/x4400s10.htm#TopOfPage 09/04/2011
[5] Ídem.
[6] Ídem.
[7] Rifkin, J. “El fin del trabajo” Buenos Aires, Paidós, 1997 p. 140.
[8] Cosecha de granos. Depósito de documentos de la FAO. http://www.fao.org/docrep/x5051s/x5051s02.htm  2012
[9] Marx, C. El capital I Lib. I Cap. XIII. 
[10] Rifkin, J. “El fin del trabajo” Buenos Aires, Paidós, 1997 p. 27.

domingo, 29 de enero de 2012

Trabajo, dominación y el papel de la filosofía


El proceso filosófico no puede ser sino la «… teoría de la historia de la producción de los conocimientos» (Althusser: 1970, 183). La filosofía no puede desentenderse ni dejar de comprenderse en ligazón con la historia. No es preguntarse por las condiciones del conocimiento solamente, sino por qué en estos momentos es posible hacer esta pregunta, cuál es la relación de este problema con la sociedad, la anterior y la actual, desde qué posición social se hace la pregunta (Althusser: 1970, 183). En Foucault, la pregunta procede de la siguiente manera: ¿cuál es la relación con el poder? ¿Cuál es la relación de poder que está detrás del afán de conocimiento? (Foucault: 1983)

La primera tarea filosófica es justamente la demarcación, la delimitación. La filosofía «desbroza» el camino para el planteamiento correcto de un problema determinado (Althusser: 1985, 19-20).

La moral del trabajo tiene que ver con el tipo de sociedad, con el interés del sector dominante, ninguna moral es consensuada, sino que es el producto del dominio del sector hegemónico de la sociedad. La filosofía haría pura abstracción si estudiara la moral fuera del marco de la sociedad desigual. En este sentido no puede estar desligada de la política. «Porque al fin de cuentas, desde Platón, todos los grandes filósofos han hablado de política, y también todos los grandes filósofos burgueses, no sólo los materialistas sino aun los idealistas» (Althusser: 1973, 14-15).

La filosofía es política en la teoría. La filosofía representa la lucha de clases en el plano de la teoría (Althusser: 2005,  17) Con la irrupción de la historia de las sociedades sabemos que todo pensamiento es producido en condiciones determinadas y para fines determinados. Puede o no tocar ciertos temas fundamentales, pero no puede ser inocente. Aristóteles podía no hablar de la esclavitud o podía justificarlo como lo hizo, en ambos modos era miembro del partido esclavista, formaba parte del grupo social que disfrutaba gracias a la forma de producción basada en el trabajo esclavo. Su filosofía está marcada por el afán de justificar la segregación entre los seres humanos. Pero también pudo haber justificado no hablando de ello, es decir, negando el hecho social.

En el plano más altamente teórico la filosofía es el intento de justificación o deslegitimación del proceso de producción del conocimiento. Por eso es eminentemente una práctica y, desde la modernidad en la que la escuela viene a ocupar el papel que antiguamente ocupaba la iglesia como guía ideológico, la filosofía tiene un papel central. No es casual el tremendo esfuerzo de Marx para comprender y criticar a Hegel y tratar de demostrar la estrecha relación entre su pensamiento y el orden social burgués que necesitaba ese pensamiento, laico, racional e idealista.

¿Qué es la sociedad? ¿Cómo se construye la historia? Estas cuestiones tienen varias maneras de encararlas. Una manera ideológica de plantear un problema es afirmar por ejemplo que la historia es un producto del hombre. ¿Por qué? Decir el hombre no denota la sociedad, decir sociedad denota relaciones de hombres y éstas se dan en primer lugar alrededor de la infraestructura económica, de la posesión de los medios de producción. Desde la aparición de la propiedad privada y de la explotación del hombre por el hombre, surgen la estratificación y la lucha de las clases. Entonces la historia no la hace el hombre, esto sería una abstracción ideológica. La hacen las masas explotadas en su lucha contra la opresión y las minorías explotadoras para mantener su condición. Es de este modo como hace su aparición la historia real ligada a la filosofía.

La clase esclavista, es decir, la de los dueños de esclavos, en la antigüedad despreció el trabajo servil. Lo consideró indigno del hombre, pero como el trabajo era necesario lo destinó a los esclavos, quienes no eran considerados enteramente hombres. Es de esa manera segregacionista como el trabajo duro es normalizado en el conjunto de la sociedad.

La burguesía por el contrario inscribió el trabajo embrutecedor en el contexto de la producción mercantil, la democratizó a su manera. Por eso dignificó el trabajo idealmente (Horkheimer-Adorno: 2010), dio igual dignidad a todas las labores humanas porque la maquinaria productiva requería brazos, masas enteras para trabajar. La igualdad jurídica y la dignidad de todos los trabajos eran consecuencia de que estos ya estaban igualados en la práctica como mercancías.

En el contenido del pensamiento burgués se encuentra centralmente la consideración del trabajo en sus modalidades principales como hemos visto: moral del trabajo como bien supremo y la igualdad metafísica, abstracta de todos los trabajos como forma de ocultamiento de la brutalidad, tedio, aburrimiento y, sobre todo, sometimiento de la mayoría de las labores cotidianas de los hombres a la dinámica de la producción capitalista.

Referencias
Adorno, Teodor y Max Horkheimer (2010), Towards a New Manifiesto?, New Left Review, N° 65, sep-oct.
Althusser, Louis (1985), Curso de filosofía para científicos, Barcelona, Planeta-Agostini.
______________(1970), Materialismo histórico y materialismo dialéctico. En: WW.AA., El proceso ideológico. Buenos Aires, Tiempo, pp. 173-196.
______________(1973), Para una crítica de la práctica teórica. Respuesta a John Lewis, Buenos Aires, Siglo XXI.
______________(2003), Ideología y aparatos ideológicos de Estado, en: Slavoj Zizek (comp.), Ideología, Buenos Aires, FCE, pp. 115-155.
______________(2005), La filosofía: arma de la revolución, México, Siglo XXI.
Aristóteles (2011), Política, disponible en: http://www.ebookio.com/docs/16298/politica-aristoteles-(espaol), 23-01-2011.
Foucault, Michel (1983), Sujeto y poder, edición electrónica disponible en: www.philosophia.cl, Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.
_________________(2002), Vigilar y castigar, Buenos Aires, Siglo XXI.


sábado, 14 de enero de 2012

Vivir para trabajar

Si trabajamos para vivir, ¿por qué nos matamos trabajando? Si el objetivo es conseguir medios de vida y disfrutar, pero la mayor parte del tiempo lo dedicamos al trabajo aburrido y duro, la vida en realidad se convierte en un medio para el trabajo. Vivimos para trabajar.
El capitalismo ha convertido al ser humano en bestia de trabajo. La vida es mero instrumento para el acrecentamiento del capital. Todas las instituciones de la sociedad: la familia, los establecimientos educativos, los medios de comunicación, las iglesias se encargan de que nuestra condenación al trabajo se vuelva falsamente placentera. Es la moral que inculca la realización del ser humano a través del trabajo. Es la moral de la esclavitud.
La ética del trabajo que incluye la represión de la vida ociosa es el eje de la vida moderna. La familia y la escuela son fundamentales para constituir nuestro cuerpo y nuestra mente en instrumentos para la producción.
La moral del trabajo es la ideología más internalizada del dominio capitalista al punto que forma nuestra conciencia: se vive para trabajar, el ideal de todo individuo es conseguir un empleo estable.
Conservadores y progresistas por igual rinden culto al trabajo. Sin embargo, la felicidad humana huye del trabajo, se escapa por los recovecos del ocio y se ensancha en el disfrute.
El hombre se realiza fuera del trabajo, cuando conquista un retazo de libertad efímera. La humanidad desde la prehistoria tiene como tarea vencer el mundo de la necesidad y conquistar el tiempo libre. Libertad versus trabajo obligatorio. Cuanto mayor sea el tiempo libre mayor será el desarrollo de iniciativas creativas y satisfactorias. El progreso técnico podría aliviar enormemente el trabajo tedioso y alienante, pero es preciso replantearse la organización de la sociedad, ya que el adelanto técnico no significó otra cosa para la humanidad que mayor tensión y ritmo laboral y, en contrapartida, aumento del número de desempleados desplazados por las máquinas. Reingeniería para mayor productividad capitalista y miseria de la humanidad.
El ser humano desde la antigüedad ha luchado por disminuir el esfuerzo laboral y aumentar el tiempo del placer, de la actividad entretenida. Todos los inventos y descubrimientos no son otra cosa que la búsqueda del ahorro de tiempo y energía, la disminución del  esfuerzo desagradable, la liberación de la labor tediosa para incrementar el tiempo de actividad libre, creativa y agradable. El hombre ha progresado tecnológicamente porque ha buscado cada vez laborar  menos y disfrutar de más tiempo para el ocio.
Sin embargo, la sociedad capitalista ha transformado la idea de libertad de manera muy particular, de la liberación del trabajo a la libre elección del trabajo. La única opción es elegir el tipo de atadura laboral. Trabajar o morir de hambre. El sentido de la felicidad pasó de la búsqueda del ocio creativo al éxito en el trabajo.
Un mundo para la actividad creativa, libre y satisfactoria supone la superación de la sociedad  en donde el trabajo es un medio para la producción de mercancías. ¿Contra el progreso técnico? No, contra la técnica al servicio de la acumulación capitalista. Por la tecnología al servicio del desarrollo humano. En el camino de la felicidad está la necesidad de poner fin a la sociedad productora de bestias de trabajo.

domingo, 16 de octubre de 2011

La indignación es el principio

En casi mil ciudades del mundo se manifestaron, incluyendo las grandes capitales, fueron desde algunas decenas hasta decenas de miles. Desde aburridas marchas pacifistas hasta combativas y flamígeras.

Es un gran síntoma. El movimiento todavía es ingenuo. Protestan contra partes del sistema, contra los bancos, contra la corrupción y por más democracia. Todavía no hacen revoluciones como en Túnez y Egipto, ni toman las armas como en Libia. Pero son las primeras fumarolas de una gran erupción en camino.

La gran depresión de 1929 desembocó en la segunda guerra mundial. La gran crisis de 2007 no sabemos cómo va a terminar. Eso sí, con seguridad sabemos que las facturas siempre tratan de hacer pagar a los de abajo. Pero parece que ahora los de abajo se resisten a hacerlo.

Un movimiento planetario de resistencia se está gestando. Globalización, internacionalismo o como quiera llamárselo. Los signos indican que la lucha debe ser mundial y que no se trata sólo de cambiar gobiernos.

martes, 27 de septiembre de 2011

Los parias de la democracia

No es democrático, no es progresista. El voto de los emigrados en países extranjeros es excluyente, fortalece la situación de parias de millones de trabajadores que viven y laboran en las metrópolis sin tener ningún derecho sindical ni político.

Los emigrados necesitan ejercer sus derechos políticos donde viven. El voto en el extranjero no da derechos sino que legitima el despojo de ellos. Es interés de los estados que explotan la mano de obra extranjera que los millones de sudacas, africanos, turcos, árabes, polacos, búlgaros, en fin, emigrados, trabajen y no protesten, trabajen y no se organicen, que se dejen explotar sin chistar y, por si acaso se les ocurra expresarse políticamente, que lo hagan en una embajada y en una papeleta electoral.

Los emigrados no tienen libertad de organización sindical ni política en los países en que residen. Los más interesados en que ellos voten a distancia y no se metan en los asuntos sociales y políticos donde viven son aquellos estados que tienen muchos emigrados. De ahí que el voto en el extranjero constituye una excelente válvula de escape: legitima la condición de excluidos políticos en donde viven y alimenta la fantasía de que ejercen sus derechos en sus países de origen.

La campaña por el voto en el extranjero es nacionalista porque privilegia el interés de los grandes partidos locales en vez de los intereses de los trabajadores explotados. Es burguesa porque no lleva a la gente a luchar contra la segregación que sufren en los países extranjeros, ni contra la explotación y el trabajo en negro.

Los emigrados deben ejercer sus derechos sindicales y políticos donde viven y trabajan, eso es democrático. Negarles ese derecho a cambio de que voten a distancia en las elecciones que se hacen en sus países de origen les niega el derecho político ahí donde residen y les niega también en sus países de origen, porque allí no pueden participar, es decir organizarse y movilizarse, sólo votar.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Marxismo y democracia

Marxismo y democracia*


Por Ángel Estigarribia

Resumen

La democracia liberal detenta el triunfo político de haber impuesto el consenso de que ella constituye un sistema de organización racional y civilizada, y no un régimen de opresión de una clase social sobre el conjunto de la sociedad. Visto críticamente, sin embargo, el régimen democrático tiene la misma caracterísitica del Estado burgués: es la concentración del poder en manos de la burguesía y por consiguiente es una dictadura de clase. El marxismo tiene una relación dialéctica con la democracia burguesa y sostiene que el socialismo constituye la máxima expresión democrática porque supone el tránsito hacia la superación de la sociedad organizada por la coerción y con ella la superación del Estado y sus regímenes.

Palabras clave: democracia – marxismo – régimen político – crítica marxista-

Abstract

Liberal democracy has the great merit of having given the ideological consensus that democracy is a system of rational and civilized organization, not a regimen of oppression of one class over the whole society. The democratic system has the same feature of the liberal state: the concentration of power in the hands of the bourgeoisie and therefore a kind of dictatorship. Marxism is a dialectical consideration towards bourgeois democracy and argues that socialism is the highest expression of democracy because it involves the transit to overcome organized society by coertion, and with it the overcoming of the state and its regimes.

Keywords: Democracy, marxims, political system, marxian criticism.

Introducción

¿Es la democracia, con sufragio universal la última estación del desarrollo político de la humanidad? ¿O constituye un régimen de dominación moderno que a su vez tiene que ser abolido en el camino de la conquista de la libertad? ¿Permitiría el régimen democrático despojar el poder a la clase que lo detenta a través de decisiones democráticas? ¿O sólo podría ser superado como a su vez fue superado el antiguo régimen, es decir, a través de una revolución?

El fin de la URSS y la caída del Muro de Berlín, ha reforzado la idea muy en boga de que la democracia parlamentaria es el mejor sistema político posible, casi insustituible, el régimen del fin de la historia. Consecuentemente, la tarea política planteada no es ni mucho menos la crítica destructiva sino el perfeccionamiento, en aras de su amplitud para poner fin a la «ausencia del Estado», frecuentemente mentado como la raíz de los problemas sociales. A través de la democracia liberal y sólo a través de ella se puede llegar a la democracia social y económica, las siguientes estaciones del derrotero político universal. En esta perspectiva, aparece como relato utópico o una nostalgia totalitaria la crítica a la democracia burguesa y la lucha por su superación.

Aquí presentamos una arista distinta, la democracia llevada hasta sus últimas consecuencias implica la negación del régimen democrático-burgués. La democracia política plena implica la posibilidad de que el demos proceda al establecimiento de un sistema social sin explotación lo cual plantea una contradicción al régimen que se sustenta en la propiedad privada. Esa contradicción denuncia la inviabilidad de la democracia burguesa como mecanismo de resolución del problema de la polaridad social y al mismo tiempo es una expresión, un síntoma de la necesidad de ir más allá de la democracia política formal.

La tesis marxista sostiene que es imposible una sociedad plenamente democrática como producto del desenvolvimiento del régimen democrático burgués. Este está ligado al sistema de explotación capitalista. El individuo, la igualdad jurídica y la propiedad privada son los pilares del sistema. El derecho a la propiedad privada implica el derecho a la apropiación privada del producto social. La igualdad jurídica es la única igualdad posible en la sociedad capitalista y es el ocultamiento de la desigualdad social real.

Democracia como poder del pueblo sustentado en la explotación es pura ideología. Un pueblo consciente no podría decidir su propia explotación y opresión, por eso además de la coerción, es necesaria la producción y sustentación ideológica que garantice no sólo el dominio y la sumisión correspondiente, sino el convencimiento de que la democracia es el mejor de los regímenes posibles y después de ella sólo está el fin de la historia.

En el presente artículo realizamos una crítica a las modernas consideraciones de la democracia liberal, un esbozo de la posición de Marx en sus textos históricos y un abordaje desde la perspectiva de la crítica ideológica a los postulados de la democracia, para finalmente plantear la relación dialéctica entre defensa de las libertades democráticas y lucha contra el régimen democrático-burgués en la política socialista.

* Introducción del artículo "Marxismo y democracia" publicado en la revista de filosofía política y social "Apóstasis", Nº 1, Asunción, 2010. ISSN: 2075-6712