domingo 12 de febrero de 2012

El problema del mundo es el exceso de trabajo


El trabajo es el recurso social para satisfacer las necesidades de los seres humanos. El hombre necesita modificar culturalmente su medio para poder existir, así construye viviendas, produce vestimentas, alimentos, herramientas, diversos medios culturales porque no podría sobrevivir naturalmente como otros animales.
En el transcurso de la historia, los seres humanos  han  producido una “segunda naturaleza” artificial como su propio medio ambiente. En ese proceso han desarrollado distintos artefactos, instrumentos, máquinas, sistemas organizativos. El fin siempre ha sido producir con el mayor ahorro posible de tiempo y energía. Máxima  productividad con mínimo esfuerzo.  En tiempos antiguos el objetivo había sido superar la escasez crónica de medios de vida y aumentar el tiempo de reposo, ocio, gozo.
En la actualidad, el desarrollo técnico no está enfocado a disminuir el trabajo del hombre para aumentar el tiempo de descanso sino que apunta al incremento sin fin de los beneficios del capital. Por otro lado,  el objetivo del frenesí de la productividad no es   combatir el hambre y la pobreza del mundo ni aumentar el bienestar de todos.  La miseria que soporta una parte importante de la humanidad no es consecuencia de la escasa disponibilidad de  productos  sino de la arbitrariedad del  régimen de producción y  distribución que las clases dominantes de la sociedad imponen.
El problema del mundo no es la escasez. Veamos el tema alimentario a modo de ilustración.
La humanidad hoy produce alimentos para cubrir toda la población actual.[1] Esto quiere decir que para comer no habría  necesidad alguna de trabajar más.  Pero resulta que mil millones sufren hambre, [2] y esto no tiene que ver con la holgazanería. Aunque se trabajase más,  el hambre continuaría porque el capitalismo no produce para el que necesita sino para el que puede pagar. La población precisa bienes de consumo pero el sistema produce estos bienes en forma de mercancías. El que no puede comprar se queda sin ellas.
La población mundial llegó a 7 mil millones en el 2011.[3] Según la OIT, en el mundo actualmente trabajan  alrededor de 3 mil millones.[4]  El empleo «vulnerable» afecta a 1.530 millones, el desempleo a 200 millones.[5] Entre desempleo y subempleo suman 1.730 millones. Todo lo que se produce hoy en el mundo lo hacen menos de la mitad de la población. Si se distribuyera el trabajo entre todos los que están en edad de trabajar, la presión laboral por persona, disminuiría casi a la mitad y no habría desempleo ni empleo vulnerable. Quiere decir que se podría trabajar 4 horas diarias en vez de 8 sin disminuir un ápice la producción.  O bien  se podría trabajar sólo la mitad de la semana y vivir bien, disfrutando del ocio el tiempo restante. Si a esto le sumamos la organización racional de la producción a través de una planificación mundial, el trabajo necesario disminuiría notablemente a menos de 4 horas diarias.
Por ejemplo, según la OIT en la agricultura trabaja 1.100 millones de personas, [6] gran parte de éstas, lo hacen con tecnología obsoleta en América Latina, Asia y África, con gran despilfarro de energía humana.  Un granjero canadiense o del medio oeste de EE.UU puede preparar el terreno, sembrar, fumigar y cosechar  mil hectáreas de trigo sólo con su familia y,  por supuesto,  con maquinarias de última generación. En Paraguay una familia entera no puede trabajar más de cinco  hectáreas con técnicas rudimentarias: azada y machete.
Si se incorporara tecnología de punta en la agricultura de todo el mundo, el trabajo del hombre se reduciría notablemente y aumentaría la producción. En EE.UU. en 1880 se necesitaban 20 horas/hombre para cosechar 0,4 hectáreas de trigo; en 1916, 12,7 horas/hombre; en 1936, tan sólo 6,1 horas/hombre.[7]  Hoy, una máquina mediana cosecha entre 7 a 8 hectáreas por día.[8] Lastimosamente el aumento de la maquinización produce desempleo y miseria, pero no es un problema de la tecnología. “Los antagonismos y las contradicciones inseparables del empleo capitalista de la maquinaria no brotan de la maquinaria misma, sino de su empleo capitalista.”[9]
La flexibilización laboral es otra responsable del deterioro de las condiciones de trabajo y de vida en el mundo porque aumenta la productividad con mayores ritmos y tensiones laborales  por un lado y la pérdida de puestos de trabajo  por otro. Ni las tecnologías ni los nuevos procesos laborales dan mayor holgura a los seres humanos. Según Michael Hammer uno de los padres de la reingeniería, ésta produce normalmente una disminución del 40% en los empleos de una empresa y un 75% en su masa laboral.[10] Si a esto sumamos las relocalizaciones de empresas, la precarización laboral etc., tenemos un panorama de semiesclavitud en varias partes del globo.  Hay millones de desempleados en Europa mientras las mismas empresas que despiden personal, al mismo tiempo sobreexplotan a los obreros en China,  en los Tigres asiáticos y en las maquilas centroamericanas con jornadas de 14 a 16 horas.
En el mundo actual el problema  no está en la escasez de productos ni en la necesidad de más trabajo. El problema es el exceso de trabajo para la mayoría, exceso que produce stress, embrutecimiento, atrofia de las potencialidades humanas. Este exceso de trabajo no responde a las necesidades humanas sino a la voracidad capitalista. Los países pobres aunque dupliquen su esfuerzo no van a salir de la pobreza.
Sin embargo, una organización racional de la producción implicará automáticamente menos  trabajo y más tiempo libre para el ser humano. Para ello es imprescindible la superación de la ideología educacional de que la vida es para trabajar y de que el pobre dejará de serlo trabajando,  es necesaria la abolición de esta sociedad orientada a la producción de beneficios para una minoría, es precisa la  contestación al sistema capitalista.




[1] «Tras un proceso de modernización que se prolonga desde hace 50 años, la producción agrícola mundial es más que suficiente para alimentar adecuadamente a 6 000 millones de seres humanos. La producción de cereales por sí sola, que ascienden a unos 2 000 millones de toneladas o 330 kg por persona y año, y que representan 3 600 kcal por persona y día, podría cubrir ampliamente las necesidades energéticas de toda la población si estuviera bien distribuida20. Sin embargo, la disponibilidad de cereales varía muy notablemente de unos a otros países: es de más de 600 kg por persona y año en los países desarrollados, donde se utiliza en su mayor parte como pienso, pero se reduce a menos de 200 kg por persona y año en los países más pobres.» http://www.fao.org/docrep/x4400s/x4400s10.htm#TopOfPage 09/04/2011
[5] Ídem.
[6] Ídem.
[7] Rifkin, J. “El fin del trabajo” Buenos Aires, Paidós, 1997 p. 140.
[8] Cosecha de granos. Depósito de documentos de la FAO. http://www.fao.org/docrep/x5051s/x5051s02.htm  2012
[9] Marx, C. El capital I Lib. I Cap. XIII. 
[10] Rifkin, J. “El fin del trabajo” Buenos Aires, Paidós, 1997 p. 27.

domingo 29 de enero de 2012

Trabajo, dominación y el papel de la filosofía


El proceso filosófico no puede ser sino la «… teoría de la historia de la producción de los conocimientos» (Althusser: 1970, 183). La filosofía no puede desentenderse ni dejar de comprenderse en ligazón con la historia. No es preguntarse por las condiciones del conocimiento solamente, sino por qué en estos momentos es posible hacer esta pregunta, cuál es la relación de este problema con la sociedad, la anterior y la actual, desde qué posición social se hace la pregunta (Althusser: 1970, 183). En Foucault, la pregunta procede de la siguiente manera: ¿cuál es la relación con el poder? ¿Cuál es la relación de poder que está detrás del afán de conocimiento? (Foucault: 1983)

La primera tarea filosófica es justamente la demarcación, la delimitación. La filosofía «desbroza» el camino para el planteamiento correcto de un problema determinado (Althusser: 1985, 19-20).

La moral del trabajo tiene que ver con el tipo de sociedad, con el interés del sector dominante, ninguna moral es consensuada, sino que es el producto del dominio del sector hegemónico de la sociedad. La filosofía haría pura abstracción si estudiara la moral fuera del marco de la sociedad desigual. En este sentido no puede estar desligada de la política. «Porque al fin de cuentas, desde Platón, todos los grandes filósofos han hablado de política, y también todos los grandes filósofos burgueses, no sólo los materialistas sino aun los idealistas» (Althusser: 1973, 14-15).

La filosofía es política en la teoría. La filosofía representa la lucha de clases en el plano de la teoría (Althusser: 2005,  17) Con la irrupción de la historia de las sociedades sabemos que todo pensamiento es producido en condiciones determinadas y para fines determinados. Puede o no tocar ciertos temas fundamentales, pero no puede ser inocente. Aristóteles podía no hablar de la esclavitud o podía justificarlo como lo hizo, en ambos modos era miembro del partido esclavista, formaba parte del grupo social que disfrutaba gracias a la forma de producción basada en el trabajo esclavo. Su filosofía está marcada por el afán de justificar la segregación entre los seres humanos. Pero también pudo haber justificado no hablando de ello, es decir, negando el hecho social.

En el plano más altamente teórico la filosofía es el intento de justificación o deslegitimación del proceso de producción del conocimiento. Por eso es eminentemente una práctica y, desde la modernidad en la que la escuela viene a ocupar el papel que antiguamente ocupaba la iglesia como guía ideológico, la filosofía tiene un papel central. No es casual el tremendo esfuerzo de Marx para comprender y criticar a Hegel y tratar de demostrar la estrecha relación entre su pensamiento y el orden social burgués que necesitaba ese pensamiento, laico, racional e idealista.

¿Qué es la sociedad? ¿Cómo se construye la historia? Estas cuestiones tienen varias maneras de encararlas. Una manera ideológica de plantear un problema es afirmar por ejemplo que la historia es un producto del hombre. ¿Por qué? Decir el hombre no denota la sociedad, decir sociedad denota relaciones de hombres y éstas se dan en primer lugar alrededor de la infraestructura económica, de la posesión de los medios de producción. Desde la aparición de la propiedad privada y de la explotación del hombre por el hombre, surgen la estratificación y la lucha de las clases. Entonces la historia no la hace el hombre, esto sería una abstracción ideológica. La hacen las masas explotadas en su lucha contra la opresión y las minorías explotadoras para mantener su condición. Es de este modo como hace su aparición la historia real ligada a la filosofía.

La clase esclavista, es decir, la de los dueños de esclavos, en la antigüedad despreció el trabajo servil. Lo consideró indigno del hombre, pero como el trabajo era necesario lo destinó a los esclavos, quienes no eran considerados enteramente hombres. Es de esa manera segregacionista como el trabajo duro es normalizado en el conjunto de la sociedad.

La burguesía por el contrario inscribió el trabajo embrutecedor en el contexto de la producción mercantil, la democratizó a su manera. Por eso dignificó el trabajo idealmente (Horkheimer-Adorno: 2010), dio igual dignidad a todas las labores humanas porque la maquinaria productiva requería brazos, masas enteras para trabajar. La igualdad jurídica y la dignidad de todos los trabajos eran consecuencia de que estos ya estaban igualados en la práctica como mercancías.

En el contenido del pensamiento burgués se encuentra centralmente la consideración del trabajo en sus modalidades principales como hemos visto: moral del trabajo como bien supremo y la igualdad metafísica, abstracta de todos los trabajos como forma de ocultamiento de la brutalidad, tedio, aburrimiento y, sobre todo, sometimiento de la mayoría de las labores cotidianas de los hombres a la dinámica de la producción capitalista.

Referencias
Adorno, Teodor y Max Horkheimer (2010), Towards a New Manifiesto?, New Left Review, N° 65, sep-oct.
Althusser, Louis (1985), Curso de filosofía para científicos, Barcelona, Planeta-Agostini.
______________(1970), Materialismo histórico y materialismo dialéctico. En: WW.AA., El proceso ideológico. Buenos Aires, Tiempo, pp. 173-196.
______________(1973), Para una crítica de la práctica teórica. Respuesta a John Lewis, Buenos Aires, Siglo XXI.
______________(2003), Ideología y aparatos ideológicos de Estado, en: Slavoj Zizek (comp.), Ideología, Buenos Aires, FCE, pp. 115-155.
______________(2005), La filosofía: arma de la revolución, México, Siglo XXI.
Aristóteles (2011), Política, disponible en: http://www.ebookio.com/docs/16298/politica-aristoteles-(espaol), 23-01-2011.
Foucault, Michel (1983), Sujeto y poder, edición electrónica disponible en: www.philosophia.cl, Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.
_________________(2002), Vigilar y castigar, Buenos Aires, Siglo XXI.


sábado 14 de enero de 2012

Vivir para trabajar

Si trabajamos para vivir, ¿por qué nos matamos trabajando? Si el objetivo es conseguir medios de vida y disfrutar, pero la mayor parte del tiempo lo dedicamos al trabajo aburrido y duro, la vida en realidad se convierte en un medio para el trabajo. Vivimos para trabajar.
El capitalismo ha convertido al ser humano en bestia de trabajo. La vida es mero instrumento para el acrecentamiento del capital. Todas las instituciones de la sociedad: la familia, los establecimientos educativos, los medios de comunicación, las iglesias se encargan de que nuestra condenación al trabajo se vuelva falsamente placentera. Es la moral que inculca la realización del ser humano a través del trabajo. Es la moral de la esclavitud.
La ética del trabajo que incluye la represión de la vida ociosa es el eje de la vida moderna. La familia y la escuela son fundamentales para constituir nuestro cuerpo y nuestra mente en instrumentos para la producción.
La moral del trabajo es la ideología más internalizada del dominio capitalista al punto que forma nuestra conciencia: se vive para trabajar, el ideal de todo individuo es conseguir un empleo estable.
Conservadores y progresistas por igual rinden culto al trabajo. Sin embargo, la felicidad humana huye del trabajo, se escapa por los recovecos del ocio y se ensancha en el disfrute.
El hombre se realiza fuera del trabajo, cuando conquista un retazo de libertad efímera. La humanidad desde la prehistoria tiene como tarea vencer el mundo de la necesidad y conquistar el tiempo libre. Libertad versus trabajo obligatorio. Cuanto mayor sea el tiempo libre mayor será el desarrollo de iniciativas creativas y satisfactorias. El progreso técnico podría aliviar enormemente el trabajo tedioso y alienante, pero es preciso replantearse la organización de la sociedad, ya que el adelanto técnico no significó otra cosa para la humanidad que mayor tensión y ritmo laboral y, en contrapartida, aumento del número de desempleados desplazados por las máquinas. Reingeniería para mayor productividad capitalista y miseria de la humanidad.
El ser humano desde la antigüedad ha luchado por disminuir el esfuerzo laboral y aumentar el tiempo del placer, de la actividad entretenida. Todos los inventos y descubrimientos no son otra cosa que la búsqueda del ahorro de tiempo y energía, la disminución del  esfuerzo desagradable, la liberación de la labor tediosa para incrementar el tiempo de actividad libre, creativa y agradable. El hombre ha progresado tecnológicamente porque ha buscado cada vez laborar  menos y disfrutar de más tiempo para el ocio.
Sin embargo, la sociedad capitalista ha transformado la idea de libertad de manera muy particular, de la liberación del trabajo a la libre elección del trabajo. La única opción es elegir el tipo de atadura laboral. Trabajar o morir de hambre. El sentido de la felicidad pasó de la búsqueda del ocio creativo al éxito en el trabajo.
Un mundo para la actividad creativa, libre y satisfactoria supone la superación de la sociedad  en donde el trabajo es un medio para la producción de mercancías. ¿Contra el progreso técnico? No, contra la técnica al servicio de la acumulación capitalista. Por la tecnología al servicio del desarrollo humano. En el camino de la felicidad está la necesidad de poner fin a la sociedad productora de bestias de trabajo.

domingo 16 de octubre de 2011

La indignación es el principio

En casi mil ciudades del mundo se manifestaron, incluyendo las grandes capitales, fueron desde algunas decenas hasta decenas de miles. Desde aburridas marchas pacifistas hasta combativas y flamígeras.

Es un gran síntoma. El movimiento todavía es ingenuo. Protestan contra partes del sistema, contra los bancos, contra la corrupción y por más democracia. Todavía no hacen revoluciones como en Túnez y Egipto, ni toman las armas como en Libia. Pero son las primeras fumarolas de una gran erupción en camino.

La gran depresión de 1929 desembocó en la segunda guerra mundial. La gran crisis de 2007 no sabemos cómo va a terminar. Eso sí, con seguridad sabemos que las facturas siempre tratan de hacer pagar a los de abajo. Pero parece que ahora los de abajo se resisten a hacerlo.

Un movimiento planetario de resistencia se está gestando. Globalización, internacionalismo o como quiera llamárselo. Los signos indican que la lucha debe ser mundial y que no se trata sólo de cambiar gobiernos.

martes 27 de septiembre de 2011

Los parias de la democracia

No es democrático, no es progresista. El voto de los emigrados en países extranjeros es excluyente, fortalece la situación de parias de millones de trabajadores que viven y laboran en las metrópolis sin tener ningún derecho sindical ni político.

Los emigrados necesitan ejercer sus derechos políticos donde viven. El voto en el extranjero no da derechos sino que legitima el despojo de ellos. Es interés de los estados que explotan la mano de obra extranjera que los millones de sudacas, africanos, turcos, árabes, polacos, búlgaros, en fin, emigrados, trabajen y no protesten, trabajen y no se organicen, que se dejen explotar sin chistar y, por si acaso se les ocurra expresarse políticamente, que lo hagan en una embajada y en una papeleta electoral.

Los emigrados no tienen libertad de organización sindical ni política en los países en que residen. Los más interesados en que ellos voten a distancia y no se metan en los asuntos sociales y políticos donde viven son aquellos estados que tienen muchos emigrados. De ahí que el voto en el extranjero constituye una excelente válvula de escape: legitima la condición de excluidos políticos en donde viven y alimenta la fantasía de que ejercen sus derechos en sus países de origen.

La campaña por el voto en el extranjero es nacionalista porque privilegia el interés de los grandes partidos locales en vez de los intereses de los trabajadores explotados. Es burguesa porque no lleva a la gente a luchar contra la segregación que sufren en los países extranjeros, ni contra la explotación y el trabajo en negro.

Los emigrados deben ejercer sus derechos sindicales y políticos donde viven y trabajan, eso es democrático. Negarles ese derecho a cambio de que voten a distancia en las elecciones que se hacen en sus países de origen les niega el derecho político ahí donde residen y les niega también en sus países de origen, porque allí no pueden participar, es decir organizarse y movilizarse, sólo votar.

domingo 5 de septiembre de 2010

Marxismo y democracia

Marxismo y democracia*


Por Ángel Estigarribia

Resumen

La democracia liberal detenta el triunfo político de haber impuesto el consenso de que ella constituye un sistema de organización racional y civilizada, y no un régimen de opresión de una clase social sobre el conjunto de la sociedad. Visto críticamente, sin embargo, el régimen democrático tiene la misma caracterísitica del Estado burgués: es la concentración del poder en manos de la burguesía y por consiguiente es una dictadura de clase. El marxismo tiene una relación dialéctica con la democracia burguesa y sostiene que el socialismo constituye la máxima expresión democrática porque supone el tránsito hacia la superación de la sociedad organizada por la coerción y con ella la superación del Estado y sus regímenes.

Palabras clave: democracia – marxismo – régimen político – crítica marxista-

Abstract

Liberal democracy has the great merit of having given the ideological consensus that democracy is a system of rational and civilized organization, not a regimen of oppression of one class over the whole society. The democratic system has the same feature of the liberal state: the concentration of power in the hands of the bourgeoisie and therefore a kind of dictatorship. Marxism is a dialectical consideration towards bourgeois democracy and argues that socialism is the highest expression of democracy because it involves the transit to overcome organized society by coertion, and with it the overcoming of the state and its regimes.

Keywords: Democracy, marxims, political system, marxian criticism.

Introducción

¿Es la democracia, con sufragio universal la última estación del desarrollo político de la humanidad? ¿O constituye un régimen de dominación moderno que a su vez tiene que ser abolido en el camino de la conquista de la libertad? ¿Permitiría el régimen democrático despojar el poder a la clase que lo detenta a través de decisiones democráticas? ¿O sólo podía ser superado como a su vez fue superado el antiguo régimen, es decir, a través de una revolución?

El fin de la URSS y la caída del Muro de Berlín, ha reforzado la idea muy en boga de que la democracia parlamentaria es el mejor sistema político posible, casi insustituible, el régimen del fin de la historia. Consecuentemente, la tarea política planteada no es ni mucho menos la crítica destructiva sino el perfeccionamiento, en aras de su amplitud para poner fin a la «ausencia del Estado», frecuentemente mentado como la raíz de los problemas sociales. A través de la democracia liberal y sólo a través de ella se puede llegar a la democracia social y económica, las siguientes estaciones del derrotero político universal. En esta perspectiva, aparece como relato utópico o una nostalgia totalitaria la crítica a la democracia burguesa y la lucha por su superación.

Aquí presentamos una arista distinta, la democracia llevada hasta sus últimas consecuencias implica la negación del régimen democrático-burgués. La democracia política plena implica la posibilidad de que el demos proceda al establecimiento de un sistema social sin explotación lo cual plantea una contradicción al régimen que se sustenta en la propiedad privada. Esa contradicción denuncia la inviabilidad de la democracia burguesa como mecanismo de resolución del problema de la polaridad social y al mismo tiempo es una expresión, un síntoma de la necesidad de ir más allá de la democracia política formal.

La tesis marxista sostiene que es imposible una sociedad plenamente democrática como producto del desenvolvimiento del régimen democrático burgués. Este está ligado al sistema de explotación capitalista. El individuo, la igualdad jurídica y la propiedad privada son los pilares del sistema. El derecho a la propiedad privada implica el derecho a la apropiación privada del producto social. La igualdad jurídica es la única igualdad posible en la sociedad capitalista y es el ocultamiento de la desigualdad social real.

Democracia como poder del pueblo sustentado en la explotación es pura ideología. Un pueblo consciente no podría decidir su propia explotación y opresión, por eso además de la coerción, es necesaria la producción y sustentación ideológica que garantice no sólo el dominio y la sumisión correspondiente, sino el convencimiento de que la democracia es el mejor de los regímenes posibles y después de ella sólo está el fin de la historia.

En el presente artículo realizamos una crítica a las modernas consideraciones de la democracia liberal, un esbozo de la posición de Marx en sus textos históricos y un abordaje desde la perspectiva de la crítica ideológica a los postulados de la democracia, para finalmente plantear la relación dialéctica entre defensa de las libertades democráticas y lucha contra el régimen democrático-burgués en la política socialista.

* Introducción del artículo "Marxismo y democracia" publicado en la revista de filosofía política y social "Apóstasis", Nº 1, Asunción, 2010. ISSN: 2075-6712

miércoles 30 de diciembre de 2009

Artículos: La ideología como práctica en Althusser

Introducción

Desde el marxismo se ha generado toda una doctrina sobre el problema de las clases sociales. No existe en primer lugar individuo y luego la relación entre individuos, sino al revés, la relación social es la que hace al individuo. Así, somos productos de la circunstancias sociales en la que nos toca vivir, pero al mismo tiempo, son las personas concretas las que modifican las circunstancias (Marx, 1974c p. 7). Los individuos modifican las circunstancias motivados no siempre conscientemente sino movidos por intereses profundos y como parte de sujetos sociales.

Los intereses fundamentales están determinados por la posición que el individuo ocupa en la estructura social, la que a su vez se determina por la relación con los medios de producción. Esta ubicación es la que se llama posición de clase y desde la misma se construye una cosmovisión sobre la realidad y las relaciones sociales. En ese sentido existe una visión burguesa, pequeño-burguesa o proletaria. Un mismo hecho puede ser visto de diferente manera. El mundo del hombre está escindido, trastocado por relaciones estratificadas que por ser tales se desarrollan en el plano del conflicto y del dominio. El hombre escindido busca su unidad, el hombre enfrentado busca la fraternidad. Esta búsqueda puede ser realista o fantasmagórica. La propia explicación del presente orden de cosas existente puede tener una explicación ideológica o cierta. El sentido común nos muestra el aparente movimiento del sol alrededor de la tierra. Comprender el movimiento real no supone solamente ciencia, supone también una lucha ideológica. La revolución copernicana no fue automática, sino que supuso siglos de lucha política e ideológica y no se impuso en el mundo en virtud de su fortaleza científica sino una vez suprimida el antiguo régimen que había sustentado su dominio en las explicaciones dogmáticas y fantásticas.

En el presente artículo encaramos el estudio de la ideología partiendo de su definición como práctica social e intentaremos demostrar que este tratamiento es el más fructífero para el estudio del problema. No toda visión falsa de la realidad es ideología en la tradición marxista, así las religiones primitivas no constituyen tal cosa precisamente, la religión es ideología desde el momento en que surge la estratificación social clasista y aquella forma parte del aparato de dominio.

Filosofía e ideología en Marx

En los escritos de juventud Marx sostiene que la filosofía como práctica no es más que la expresión de una época determinada, es la explicación de una realidad y estaba llamada a desaparecer por la acción concreta de transformación del mundo. En la Ideología alemana, toda la producción teórica de la clase dominante, incluyendo la filosofía es denunciada por Marx como ideología. “Los hombres se han forjado hasta ahora ideas falsas acerca de sí mismos, acerca de lo que son o deben ser”. Los productos de la mente dominaron, pero ahora los propios filósofos se rebelan y proclaman la lucha contra la tiranía de las ideas llamando a la instrucción que responda a la esencia del hombre y al ejercicio de la crítica para que la realidad existente se destruya. “Estas fantasías ingenuas e infantiles forman el núcleo de la novísima filosofía de los jóvenes hegelianos” (Marx-Engels 1974b p. 88). Marx denuncia que toda filosofía idealista es ideología porque pretende que las ideas cambian la realidad y menciona la fábula del hombre que creía que la gente se ahogaba en el agua sólo porque tenían metida en la cabeza la idea de la gravedad.

Pero Marx también fue filósofo y cabe preguntarnos ¿qué papel cumple la filosofía? Althusser trata de encontrar el sentido de la filosofía de Marx. Como sabemos, lo que reivindica de Marx es la obra más madura, El Capital, todo lo anterior tendría elementos hegelianos, es decir, idealistas y que hay que tomarlos como parte de un proceso de decantación del Marx científico. El Capital es en ese sentido la obra científica por excelencia de Marx.

Ahora bien, ¿hay lugar para la filosofía? ¿O toda filosofía no es más que ideología? El materialismo histórico tiene como su objeto el estudio de los modos de producción y las relaciones que surgen de este, procede por lo tanto científicamente. El materialismo dialéctico, que sería propiamente la filosofía tiene como objeto “la historia del pensamiento”, pero no en el sentido de la clásica teoría del conocimiento preocupada por las condiciones formales del conocimiento, sino que “La nueva teoría solo puede ser una teoría de la historia de la producción de los conocimientos, es decir, una teoría de las condiciones reales” (Althusser 1970 p. 183). La problematización tradicional entonces cambia “en lugar de plantear la cuestión de las garantías del conocimiento, plantea la cuestión del mecanismo de la producción de los conocimientos en tanto conocimientos” (ídem).

El materialismo dialéctico entonces estudia la totalidad de las relaciones que hacen al proceso de producción del conocimiento, los aspectos económicos, políticos e ideológicos. Pero no estudia todos estos elementos en sí, no estudia como el materialismo histórico las fuerzas productivas y las relaciones de producción, sino como éstas tienen que ver con el proceso de producción del conocimiento en cuanto conocimiento.

El materialismo histórico estudia el “efecto de sociedad” de un modo de producción dado, el materialismo dialéctico estudia el “efecto de conocimiento” de una práctica teórica determinada. (Ídem). Lo novedoso de Marx sería entonces el aporte de la historia, la irrupción del elemento histórico como componente fundamental de la producción del conocimiento. Este paso según Althusser es revolucionario.

El objeto de la filosofía

“La filosofía no tiene objeto, en el sentido en que una ciencia tiene un objeto” (Althusser, 1985 p. 18). La filosofía no tiene un objeto propio como la patología, la anatomía, la física, la química. La filosofía estudia todo y nada, hasta la nada. El objeto de la filosofía es filosófico, “es interior a la filosofía” (ídem.). El nuevo objeto de la filosofía, después de la revolución teórica marxista, según Althusser es, dejando “de ser teoría del conocimiento, este nuevo objeto se ha transformado en teoría de la historia de la producción de los conocimientos”. (Althusser 1970 p. 183) Desde el momento en que surge el conocimiento científico de la historia, la propia filosofía no puede desentenderse ni dejar de comprenderse en ligazón con la historia. Este es el aporte fundamental de Marx. No es preguntarse por las condiciones del conocimiento solamente, sino porqué en estos momentos es posible hacer esta pregunta, cual es la relación de este problema con la sociedad, la anterior y la actual. Desde qué posición social se hace la pregunta.

Entonces, la filosofía es respuesta a una situación determinada, es reflejo de la misma situación y es la insinuación del cambio probable del estado de cosas existente.

Desde Marx es posible pensar la filosofía no sólo como disciplina que está en la búsqueda de la verdad sino también como una disciplina con función social. A partir de este descubrimiento, la filosofía encuentra su nuevo objeto: transformar la realidad. Por eso su papel primordial es “limpiar” el camino sembrado de ideologías y separar el trigo de la paja. Desnudar lo ideológico y mostrar el aspecto racional de todo planteamiento.

Desde la filosofía, entendida ésta como materialismo dialéctico, Althusser se propone abordar el problema de la ideología.

La primera tarea filosófica es justamente la demarcación, la distinción entre lo ideológico y lo filosófico propiamente dicho. Filosofía es una argumentación racional en forma de tesis, ya que no puede demostrar sus conclusiones a la manera de las ciencias. Sin embargo, procediendo con la tarea de demarcación, delimitación, la filosofía “desbroza” el camino para el planteamiento correcto de un problema determinado. (Althusser 1985 p. 19-20).

Antes que nada es necesario precisar la función ideológica “Una proposición ideológica es una proposición que, funcionando como síntoma de una realidad distinta de aquélla a la que se refiere directamente, es una proposición falsa por cuanto trata acerca del objeto al que se refiere” (Althusser 1985 p 20). Quizá el mejor ejemplo de esta desviación entre síntoma y objeto lo podemos ver en el propio Marx en la famosa Introducción a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel en la que trata de la ideología religiosa.

Lo más conocido de la crítica de Marx a la religión es su consideración como “opio del pueblo”, sin embargo en el cuerpo del texto en consideración Marx afirma que el fundamento de la crítica a la religión es que ésta es producto del hombre. No del hombre individual, aislado, sino del hombre social, ya que el hombre es el mundo del hombre. Y produce la religión cono su conciencia invertida, complemento, deseo, consuelo y justificación. (Marx 1974 b p. 87). Feuerbach consideraba positiva la religión porque expresaba la esencia humana, el amor.

Para Marx era importante no sólo explicar la religión sino ver las causas por las cuales los hombres producían la religión. Este es el salto epistemológico importante, aquí es donde la historia penetra el proceso y permite separar el síntoma del objeto. La sociedad humana no es homogénea sino estratificada en orden a los medios de producción. En ella opera un mecanismo de convivencia, la sociedad civil y su forma política, el estado. Como la sociedad es estratificada, esta forma de convivencia opera como relaciones de dominio. Tal dominio no es la de un soberano que emerge de un pacto social. Se trata del dominio de la clase dominante a través de un aparato de poder. El mecanismo de poder entraña el aparato represivo propiamente dicho y otros dispositivos ideológicos que configuran el dominio.

La religión es uno de esos aparatos ideológicos –Althusser dixit- que para Marx no constituía en principio un engaño deliberado de la clase dominante, la religión existe antes de las clases sociales, pero una vez aparecida la propiedad privada y con ella la sociedad de clases, la religión pasa a ser parte de los recursos con que cuenta la clase en el poder. La religión entonces es ideología porque anuncia un mundo fantástico, porque establece como estrategia la espera de ese mundo fantástico (de ahí su función de opio adormecedor) pero también actúa como síntoma que expresa el disgusto del ser humano con su actual condición de vida, de ahí que anhela la fraternidad universal y un mundo de libertad, de ahí que la religión es una “protesta contra la miseria real” (Ídem) que quiere superar.

Tomado como síntoma, la religión es un buen camino para entender los problemas humanos, tomado como programa y como método, la religión es ideología. Su proposición de denuncia de la miseria real, se torna proposición ideológica porque trata de encarar el problema como si fuera su objeto. “La lucha contra la religión es por lo tanto la lucha contra aquel mundo cuyo aroma espiritual constituye aquella” (ídem). Para ello la filosofía tiene que ponerse “al servicio de la historia”. Y una vez “desenmascarada la figura sagrada de la alienación de sí del hombre, desenmascarar esa alienación de sí en sus figuras no sagradas” (ídem.) Así queda libre el camino para el correcto planteamiento del problema, deja de haber problema religioso pues éste se trueca en problema político. La resolución no está en el cielo sino en la tierra.

No hay filosofía sin política

Lo mismo que un científico que desprecie la filosofía, al tratar de dar razón de su propia ciencia ya hace filosofía. Todo escéptico trata de justificar la aserción de su escepticismo. Todo relativista busca anclarse en algún punto de partida cierto para sentar su posición. Así como no es posible desembarazarse de la filosofía, tampoco lo es de la política.

“Porque al fin de cuentas, desde Platón, todos los grandes filósofos han hablado de política, y también todos los grandes filósofos burgueses, no sólo los materialistas sino aun los idealistas. Por ejemplo, Hegel. No lo decían, pero todos sospechaban más o menos que hacer filosofía es hacer política en la teoría; y tenían también el coraje de hacer política a rostro descubierto, hablando de política”. (Althusser 1973 p 14-15)

La filosofía es política en el plano de la teoría, con la irrupción de la historia de las sociedades sabemos que todo pensamiento es producido en condiciones determinadas y para fines determinados. Puede o no tocar ciertos temas fundamentales, pero no puede ser inocente. Aristóteles podía no hablar de la esclavitud o podía justificarlo como lo hizo, en ambos modos era miembro del partido esclavista, formaba parte del grupo social que era mantenido por la forma de producción basada en el trabajo esclavo. Su filosofía está marcada por el afán de justificar la segregación entre los seres humanos.

En el plano más altamente teórico la filosofía es el intento de justificación o deslegitimación del proceso de producción del conocimiento. Por eso es eminentemente una práctica y, desde la modernidad en la que la escuela viene a ocupar el papel que antiguamente ocupaba la iglesia en su papel de guía ideológico, la filosofía tiene un papel central. No es casual el tremendo esfuerzo de Marx para comprender y criticar a Hegel y tratar de demostrar la estrecha relación entre su pensamiento y el orden social burgués que necesitaba ese pensamiento, laico, racional e idealista.

¿Que es la sociedad? ¿Cómo se construye la historia? Estas cuestiones tienen varias maneras de encararlas. Althusser considera la siguiente como una manera ideológica de plantear el problema: la historia es un producto del hombre, ¿por qué esta afirmación sería ideología? Porque no refleja la realidad. Decir el hombre no denota la sociedad, decir sociedad denota relaciones de hombres y éstas se dan en primer lugar alrededor de la infraestructura económica, de la posesión de los medios de producción. Desde la aparición de la propiedad privada, surgen la estratificación y la lucha de las clases. Entonces la historia no la hace el hombre, esto sería una abstracción ideológica sino las masas explotadas en su lucha contra la opresión y la contrarrevolución que provoca la resistencia. Las transformaciones la hacen las masas explotadas, pero no todas son capaces de producir la transformación. Sin embargo el conjunto de los explotados ligados o dirigidos por un sector de las masas explotadas dotado de capacidad de transformación, realiza la superación del estado de cosas existente (Ídem p. 25). Ejemplos concretos: los esclavos constituían un sector explotado, pero incapaz de lograr su propia liberación. La burguesía durante la edad media constituía un sector oprimido pero dotado de capacidad para transformar su destino, ligado a los campesinos y proletarios, también explotados pudieron suprimir el antiguo régimen. Es de este modo como hace su aparición la historia real ligada a la filosofía. Así cobra nuevo sentido el entendimiento del tomismo como la filosofía de la edad media, el cartesianismo como la filosofía de la naciente burguesía y el idealismo como la filosofía burguesa en su etapa culminante.

El campo ideológico es objeto y lugar de la lucha de clases: “los Aparatos Ideológicos de Estado pueden no sólo ser objeto sino también lugar de la lucha de clases, y a menudo de formas encarnizadas de lucha de clase” (Althusser, 2003). Marx entendió que la nueva sociedad que debía emerger de las ruinas de la sociedad burguesa no podía sustentarse en la filosofía idealista, por eso combatió al idealismo y a todas las corrientes de los socialismos utópicos, porque eran ideologías idealistas con rostro humano, con contenido ético humanista, es decir burgués y mezquino porque no cuestionaba de conjunto del orden burgués.

La lucha contra la ideología es una tarea práctica

En un primer momento marxiano, la producción de las ideas brota no de mentes individuales simplemente sino de procesos sociales. Las relaciones de producción condicionan también la producción de las ideas, visiones, etc. La condición es tal que en el capítulo I de El Capital asistimos a uno de los momentos a la vez teorético, político y metodológico más importantes de Marx a saber, el análisis de la forma mercancía.

Las cosas que nombramos no son tales, las cosas que llamamos mercancías no lo son de forma natural o mejor dicho, la forma de mercancía expresa nada más que una relación social determinada. Ahora bien, a la conciencia ingenua, esto aparece como una expresión natural, las cosas son mercancías, y aquí nadie está engañando a nadie. La forma mercancía no es un artificio burgués para engañar a las masas, no brota de una acción consciente para denominar falsamente a una realidad distinta. La forma mercancía es un producto natural de la sociedad mercantil. Así como la concepción geocéntrica del universo corresponde a una sociedad antigua, estática en la que el sentido común ilustraba con absoluta claridad que el sol hacía un rodeo para cruzar toda la tierra. A la nueva concepción heliocéntrica, si bien se sustentaba con absoluta claridad en demostraciones científicas, le llevó unos cuantos siglos y luchas derrotar a la vieja creencia.

La mercancía no brota naturalmente de las cosas. Estas, productos del trabajo del hombre cobran sentido en cuanto satisfacen necesidades humanas, es decir, son objetos útiles para el ser humano. En cuanto representan cosas útiles, las cosas poseen valor de uso. Las cosas tienen este valor de uso desde que existe la humanidad, en cambio adquieren la forma mercancía, es decir, adquieren un nuevo tipo de valor, valor de cambio en un estadio determinado del desarrollo histórico.

¿Qué es lo que aporta el valor de cambio? No aporta nada al producto, el producto por ser tal adquiere el valor de cambio en virtud de la sociedad productora de mercancías. En la sociedad capitalista se trastrueca el fenómeno del valor, aparece el valor de cambio, es decir la forma mercancía como natural del producto. Aparece como propiedad de los objetos. Pero esta transposición no es caprichosa, no ha sido producto de la voluntad, sino producto de determinado tipo de sociedad, es decir, de determinado tipo de relación social.

Ahora bien, este estudio de la ideología como producción del fetiche entraña un tremendo problema. La desideologización no es posible de manera individual, o por lo menos, darse cuenta de una realidad ideológica no tiene efectos sociales. La consideración de las cosas como bienes útiles y no como mercancía sólo será posible con la transformación de la sociedad y no producto de un cambio en las ideas.

Lo que Marx descubre con el análisis de la mercancía no es sólo que ésta existe por una relación social y que sólo constituye una relación social, sino que la desaparición de la mercancía no será producto de la voluntad de las personas, ni producto de un desarrollo de la teoría del conocimiento, sino de la superación de las condiciones que producen la mercancía. Es en este sentido que la filosofía puede realizarse en plenitud transformando la realidad, pero no sólo en su función crítica, sino práxica. La crítica de las ideas no transforma, la crítica de la praxis social es la partera de la sociedad. Por eso filosofía y política están unidas, tiene un papel en el combate a las ideologías que legitiman el orden existente, y otro fundamental es la tarea política, es decir, de lucha en el plano teórico en orden a la transformación de la humanidad.

A modo de conclusión

En general en el marxismo imperan algunas afirmaciones centrales que recoge y desarrolla Althusser. Primera afirmación: existe ideología desde el momento en que surgen las clases sociales.

Segunda afirmación: las ideologías desaparecerán no por virtud de un esfuerzo gnoseológico o de los hallazgos científicos y filosóficos sino por efecto de la supresión de las condiciones que producen la ideología: la sociedad de clases.

Tercera afirmación: el gran peligro al analizar las ideologías es tomarlo como conjunto de ideas directrices o cosmovisiones mentales. Es por eso que Marx en su madurez utiliza el concepto de fetichismo porque ésta se acerca más al núcleo del problema: la práctica tal como lo señala Althusser. Es un conjunto de prácticas sociales de las cuales emanan las ideas como superestructura.

La ideología no es una deliberada mentira necesariamente, la defensa de una determinada posición social conduce a una cosmovisión. No podemos dudar de la honradez intelectual de Aristóteles o de Platón en su consideración sobre la esclavitud. Tampoco es necesario realizar una crítica de tipo ético, sino un análisis crítico de tipo filosófico-histórico.

Pongamos un ejemplo actual, el problema de la crisis económica mundial originada en los EE.UU. Los grandes economistas discuten dos cosas: libertad de comercio o intervención estatal. La ciencia económica empieza y termina en esas dos posibilidades. Así Krugman empieza con la idea de dar marcha atrás a la teoría económica que dominó toda la era Reagan-Thatcher “Cuando Friedman inició su trayectoria como intelectual público, había llegado la hora de llevar a cabo una contrarreforma contra el keynesianismo, y todo lo que eso conllevaba. Pero lo que el mundo necesita ahora, diría yo, es una contra-contrarreforma.” (Paul Krugman 2008 a)

Ni siquiera hace una crítica a fondo, simplemente dice que la teoría del premio Nóbel Friedman ya no va ahora, pero fue necesario hace un tiempo.

“Está políticamente de moda despotricar contra el gasto estatal y pedir responsabilidad fiscal. Pero ahora mismo, un mayor gasto estatal es justo lo que el doctor receta, y las preocupaciones sobre el déficit presupuestario deben ser dejadas en suspenso” (Paul Krugman 2008 b). Es decir, hay que hacer lo opuesto de lo que el FMI y el Banco Mundial han venido sosteniendo por décadas.

Ahora bien, Krugman, otro premio Nóbel de Economía 2008, no atisba a hacer la pregunta fundamental: ¿es aun viable el capitalismo? Si cada crisis importante provoca guerras y destrucción de fuerzas productivas como la ocurrida en la segunda guerra mundial (después del crack de 1929-32) ¿es improbable que ocurra lo mismo en los próximos años? ¿Es racional el capitalismo? ¿Es impensable otro tipo de sociedad?

La ideología no es sino incapacidad de ver la realidad. La visión correcta de lo que ocurre no está en los premios Nóbel, en la erudición de los grandes académicos, sino en aquellos sectores que sufren el sistema, que lo ven como inhumano e irracional y pretenden transformarlo. La visión ideológica está en aquellos que dicen: el sistema funciona bien, lo que está mal es la intervención de los gobiernos, la falta de regulación, etc.

Esto no quiere decir que adoptamos una posición espontaneista del conocimiento, sino que apelamos a la historia. El giro copernicano ya se ha dado, el mundo deberá adoptar una nueva visión cósmica. Cuando la burguesía apeló a la razón y al individuo quedó superado teóricamente el antiguo régimen, pero debió hacerse la revolución francesa. La burguesía hoy decadente defiende su sistema a costa de la miseria de millones y el despilfarro de los recursos naturales, se le enfrenta una clase que no tiene nada pero que sostiene toda la producción del mundo y que es moderna y ávida de progreso y bienestar. Progreso y bienestar que produce pero que no goza. Teóricamente la sociedad capitalista ha sido superada, pero aun hace falta la crítica práctica con lo que la filosofía como la comprensión racional de la realidad se verá realizada.

Ángel Estigarribia

30 de diciembre 2009

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